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Los dos modos de leer una palabra escrita.

Son dos modos diferentes que dependen de la familiaridad que se tenga con la palabra escrita concreta que se está leyendo.

1- A uno de esos modos de leer se le ha dado en llamar vía directa o ruta léxica. El reconocimiento a golpe de vista de la palabra escrita, que es percibida por el lector globalmente, tal y como ocurre cuando observamos y reconocemos un rostro (o cualquier otra imagen) familiar, por lo que sólo es posible con las palabras escritas que el lector ha visto antes y de las cuales ha formado y guardado una representación visual en su memoria.

2- El segundo, se le ha denominado vía indirecta o ruta fonológica de lectura. Es lo que tradicionalmente hemos llamado “desciframiento”, es decir, consiste en la transformación sucesiva de las letras en sonidos, mediante la aplicación de las reglas del código alfabético. A diferencia de la anterior, por tanto, en esta segunda manera de leer una palabra la comprensión no se alcanza directamente, sino que exige que primero se transforme lo escrito en oral (lo que técnicamente se denomina “recodificación fonológica”).

 

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Lectura en silencio y discurso interno.

Aunque parece imposible que tengamos que acceder al sonido antes que al significado, sí parece que accedemos de forma rutinaria a algún tipo de código fonológico tras acceder al significado en la lectura en silencio. La evidencia subjetiva es la experiencia de un “discurso interno” cuando leemos.

Sin embargo, este discurso interno no puede implicar los mismos procesos que el discurso abierto. Cuando leemos parece que accedemos a un código fonológico que experimentamos como un discurso interno. Es decir, cuando accedemos a la representación de una palabra en el léxico, quedan disponibles todos sus atributos.

Parece que el discurso interno facilita la comprensión; si se reduce aquel, la comprensión se ve afectada en todos los estímulos menos en los más sencillos.

McCutchen y Perfetti (1982) afirmaron que, independientemente de cual sea la ruta que se utilice para el acceso léxico en la lectura, se accede de forma automática, al menos, a una parte del código fonológico de cada palabra; en concreto, accedemos a los sonidos de los principios de las palabras. Parece que la lectura en voz baja genera cierto tipo de código fonológico. Se utiliza esta información para facilitar la comprensión, fundamentalmente para mantener la secuencia de ítems en la memoria de trabajo.

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Procesos que se genera ante la lectura.

Leer es un proceso obligado.

Cuando vemos una palabra es­crita, no podemos dejar de leerla. La evidencia para respaldar esta introspección se obtiene de la tarea de Stroop. Se denomina efecto de Stroop (o efecto de Jaensch) a una clase de interferencia semántica en el tiempo de reacción de una tarea: cuando una palabra como “azul”, “verde”, “rojo”, etc. está escrita con una tinta de un color que difiere del color expresado por el significado semántico (p.ej. la palabra “rojo” escrita con tinta azul), se produce un retraso en el procesamiento del color de la palabra, lo que aumenta el tiempo de reacción y favorece los errores.

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Procesamiento automático frente a procesamiento atencional.

  • El procesamiento automático es rápido, paralelo, no es proclive a interferencias de otras tareas, no requiere espacio en la memoria de trabajo, no se puede prevenir, y no es conscientemente accesible.
  • El procesamiento atencional (o controlado) es lento, en serie, sensible a las interferencias de tareas antagonistas, utiliza espacio en la memoria de trabajo, se puede prevenir o inhibir y sus resultados suelen ser accesibles, aunque no nece­sariamente, a la consciencia.

Priming

El primado o priming es un efecto relacionado con la memoria implícita por el cual la exposición a determinados estímulos influye en la respuesta que se da a estímulos presentados con posterioridad. Este fenómeno puede tener lugar a nivel perceptivo, semántico o conceptual.

Por ejemplo, el primado perceptivo: si se presenta a una persona una lista de palabras entre las que se encuentra la palabra «tablero», y posteriormente se le pide que participe en una tarea de completar palabras, las posibilidades de que ante la presentación de las letras «Tab» dé como respuesta «Tablero» son mucho mayores que si no se hubiera visto previamente esa palabra en la lista inicial.

En otro contexto, existe una prueba consistente en identificar una imagen a partir de un pequeño fragmento. A medida que va transcurriendo el tiempo, se le va proporcionando al participante una sección más amplia de la imagen, hasta que finalmente es capaz de identificarla. La primera vez que una persona se enfrenta a una determinada imagen, necesitará una mayor cantidad de tiempo para reconocerla que en aquellos casos en los que ya la ha identificado con anterioridad en un ensayo previo.

Los efectos del primado pueden ser muy salientes y duraderos, incluso más que la simple memoria de reconocimiento.

Los efectos inconscientes del primado pueden afectar a la elección de una palabra determinada ante una prueba de completar palabras, incluso mucho tiempo después de que el recuerdo consciente de las palabras primadas haya sido olvidado.

El primado tiene lugar de forma más evidente en los casos en los que ambos estímulos comparten la misma modalidad sensorial. Por ejemplo, el primado visual funciona mejor ante pistas visuales, y el primado verbal funciona mejor ante pistas verbales. Pero el efecto de primado puede ocurrir también entre diferentes modalidades sensoriales.

En el primado semántico, el estímulo primado y el objetivo corresponden a la misma categoría semántica, y comparten algunas características. Por ejemplo, la palabra «perro» puede primar a la palabra «lobo», ya que ambos son animales similares. Se ha propuesto que el primado semántico funciona mediante la propagación de la activación de redes de trabajo neuronales. Cuando una persona piensa en un ítem de una categoría determinada, otros ítems similares son estimulados por el cerebro. Incluso aunque no se trate de palabras: los morfemas pueden producir el efecto de primado sobre palabras completas que los incluyan. Por ejemplo, el morfema ‘psico’ puede producir un efecto de primado sobre la palabra ‘psicología’.

Los procesos atencionales son importantes en el reconocimiento de las palabras.

Hay dos procesos atencionales que actúan en la impri­mación semántica:

1- un proceso facilitador automático de corta duración que no podemos evitar que ocurra,

2- un proceso atencional que depende de nuestras expectati­vas y que es mucho más lento en su inicio.

La imprimación atencional implica una inhibición de las alternativas inesperadas y si una de éstas es, en efecto, la palabra objetivo, su reconocimien­to quedará retrasado. La imprimación automática actúa probable­mente mediante una propagación de la activación.

Tipos de priming semántico.

Cuanto más se aproxime el significado de dos palabras, mayor es la magnitud del efecto de imprimación obser­vado. Podemos diferenciar entre imprimación asociativa e imprimación semántica no asociativa:

  • Imprimación asociativa, tarea de asociación de palabras: Se dice que dos palabras están asociadas, si en una tarea de asociación de palabras, los participantes producen una en respuesta a la otra. Es importante destacar que no todas las asociaciones son iguales en las dos direcciones. Al­gunas palabras se producen como asociadas de otras que no tienen ningún significado relacionado: un ejemplo podría ser “espera” generada en respuesta a “hospital”. La imprimación mediante asociados se conoce como imprimación asociativa; las dos palabras asociadas pue­den, o no, tener también una relación semántica.
  • Imprimación semántica no asociativa: Se trata de la imprimación mediante palabras que tienen una relación semántica pero no asociativa. Las palabras no asociativas relacionadas semántica­mente son aquellas que siguen teniendo una relación en cuanto a su significado con la palabra objetivo, pero que no se producen como palabras asociadas. Por ejemplo, los nombres de categorías superiores (ej. “animal”) y los casos particulares (ej. “zorro”) tienen una clara relación semántica, pero no siempre están fuertemente asocia­das. Las palabras pertenecientes a la misma categoría (ej. “zorro” y “camello” son ambos animales) están claramente relacionadas, pero no siempre están asocia­das.

La imprimación a partir del contexto de la frase.

Es la cantidad de imprimación aportada además de los efec­tos asociativos de las palabras individuales de la frase. El principio de la frase: “Debes lavarte los dientes todos los ” facilita el reconocimiento de una palabra como “día”, que es un final predecible de la frase, en compa­ración con otra palabra como “años”, que no lo es. El contexto de la frase facilita el reconocimiento a pesar de que no existe una relación semántica entre “días” y otras palabras de la frase.

Fischler y Bloom (1979) demostraron que la facilitación sólo se produce si la palabra objetivo es una continuación extremadamente probable de la frase. Un contexto adecuado tiene un efecto facilitador en palabras congruentes altamente predecibles respecto a otra palabra congruente pero improbable, y un efecto inhibidor de las palabras anómalas o incongruentes.

Stanovich y West (1981) concluyeron que los efectos contex­tuales son mayores para aquellas palabras que son más difíciles de reconocer cuando están aisladas.

Somos más rápidos tomando decisiones léxicas so­bre palabras ambiguas comparadas con palabras equiva­lentes no ambiguas.

Esta ventaja se denomina la ventaja de la ambigüedad. Sin embargo, sólo se encuentra esta ventaja para las decisiones léxi­cas. Para las demás tareas, no hay una ventaja, o incluso una desventaja (ej. en mediciones del movimiento ocular). Tal vez las palabras am­biguas se beneficien de tener múltiples entradas en el léxico. Es necesario matizar esta observación: mientras que los múltiples sentidos de una palabra confieren una ventaja, los distintos significados múltiples no. La mayor parte del tiempo, es probable que ni siquie­ra seamos conscientes de la ambigüedad de las palabras ambiguas; de alguna manera utilizamos el contexto de la frase para desambiguarla.

La ambigüedad del lenguaje surge de diversas maneras.

Hay ambigüedades relacionadas con la segmentación del habla. Un ejemplo, “ser afín” y “Serafín”: si uno habla a una velocidad normal suenan igual. Algunas frases tienen más de una interpretación sintáctica aceptable.

Hay una serie de tipos de ambigüedades léxicas. Las palabras homónimas son palabras con distintos signifi­cados que suenan igual.

Aunque parece que las palabras ambiguas provocan dificultades para el sistema del lenguaje, hay algunos casos en los que las palabras ambiguas presentan una ventaja. Es posible que nombremos más rápidamente palabras ambiguas en comparación con las no ambiguas, y tienen una ventaja en la decisión léxica. Hay una serie de explica­ciones de esta posible ventaja, pero todas giran en torno a la idea de que la disposición de múltiples significa­dos objetivo acelera el procesamiento de la palabra.

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Estudio de los movimientos oculares en la lectura.

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El estudio de los movimientos oculares ha adquirido importancia al ayudarnos a comprender tanto la for­ma en que reconocemos las palabras como la forma en que procesamos unidades más largas de lenguaje im­preso.

Hay una serie de técnicas disponibles para inves­tigar los movimientos oculares:

1- Técnica seguimiento del limbo ocular: Se refleja un haz infrarrojo en el globo ocular hacien­do un seguimiento del límite entre el iris y el blanco del ojo (el limbo ocular). Aunque es un buen sistema para hacer un seguimiento horizontal del movimiento del ojo, no es muy bueno para hacer un seguimiento de los movimientos verticales.

2- El sistema de Purkinje, hace un seguimiento preciso tanto de los movimientos hori­zontales como de los verticales. El sistema calcula los movimientos del centro exacto de la pupila.Cuando leemos, no movemos los ojos de manera homogénea, los ojos se desplazan en saltos denominados sacudidas.

  • Sacudidas: los ojos se desplazan en saltos de una duración de entre 20 y 60 ms.
  • Fijaciones: entre las sacudidas se dan intervalos de entre 200 y 250 ms en los que el ojo se para.
  • Cuando el ojo se está moviendo en una sacudida se asimila muy poca información. La información que se pueden asimilar durante una fijación es limitada: quince caracteres a la derecha y tan sólo entre tres y cuatro a la izquierda para los angloparlantes e hispano parlantes. Esta asimetría se revierte en el caso de las personas que leen en hebreo, que leen de derecha a izquierda.
  • Las personas con una gran habilidad de lectura pueden asimilar más informa­ción en una fijación (tienen un mayor alcance) que los lectores menos adiestrados. La informa­ción percibidas en las regiones más alejadas del punto de fijación se utiliza para guiar los siguientes movimientos oculares.
  • La fóvea es la parte más sensible del campo visual y corresponde aproximadamente a los siete caracteres centrales de un texto de tamaño medio. La fóvea está rodeada de la parafóvea  donde la agudeza visual es más reducida; más alta se encuentra la periferia, donde la agudeza visual es aún peor. Extraemos la mayor parte del significado de lo que leemos de la zona de la fóvea.
  • Rayner y Bertera  mostraron  un texto a lectores con una máscara móvil que creaba un punto de cegera móvil si se tapaba la región de la fóvea, era posible leer con la región inmediatamente circundante a la fó­vea (parafóvea), pero a un ritmo mucho más lento (sólo 12 palabras por minuto). Si se tapaban tanto la fóvea como la parafóvea, era imposible leer.
  • A veces cometemos errores, o tenemos que repasar el material anterior, y tenemos que mirar atrás. Estos movimientos oculares hacia atrás al material anterior, denominados regresiones, son a veces tan breves que no somos conscientes de ellos. El estudio de estos movimientos oculares regre­sivos proporciona importante información sobre cómo aclaramos el material ambiguo.
3- El modelo más influyente del control del mo­vimiento ocular es el modelo E-Z Reader. En este modelo, la aten­ción, el procesamiento visual y el control oculomotor determinan conjuntamente cuándo y a dónde se mueven los ojos cuando leemos. La idea central de este mode­lo es que, cuando leemos, nos fijamos en un punto, y después la atención visual progresa avanzando por la línea de texto hasta que se alcanza un punto donde las limitaciones de la precisión del sistema visual dificul­tan extraer más información y reconocer las palabras. A continuación se desplaza la atención y se programa un movimiento ocular en el sistema oculomotor para mo­verse al punto de dificultad. Seguido se produce una sacudida a la nueva localización, y se repite el pro­ceso. Las sacudidas están programadas en dos etapas. Hay una primera fase lábil cuando se puede cancelar la sacudida prevista si resulta que ya no es necesaria; tras esta primera fase inicial lábil no se pueden cancelar las sacudidas.
El supuesto central, y más controvertido, del modelo es que se presta atención de una palabra a otra de forma estrictamente serial, cambiando únicamente cuando se ha identificado cada palabra. Este supuesto asegura que las palabras se procesan en el orden correcto.
La “identificación” de las palabras se produce en dos fases:
  • Comprobación de la familiaridad (¿conozco esta palabra? ¿Es probable que pueda utili­zarla?). La culminación de la primera fase puede desen­cadenar la programación de una sacudida. El acceso léxico pleno, en el que se recupera el significado y la representación de la palabra integrada con la estructura lingüística emergente.
  • La culminación de la segunda fase desencadena un cambio de la aten­ción que pasa a la siguiente palabra.

Por tanto, en este modelo las sacudidas y la atención están separadas, y tienen distintas fuentes de control (familiaridad e iden­tificación). El procesamiento lingüístico puede afectar a los movimientos oculares; por ejemplo, si resulta que un análisis es incorrecto, podemos volver a una locali­zación anterior. En el modelo, los procesos de nivel su­perior intervienen en el impulso general hacia adelante sólo cuando algo ha salido mal.

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DIFICULTADES ESPECÍFICAS DE APRENDIZAJE.

C.R.E.E. Pintor Martín Sáez: dificultades específicas de aprendizaje de la escritura
C.R.E.E. Parayas: dificultades específicas de aprendizaje de las matemáticas
C.R.E.E. Ramón Laza: dificultades específicas de aprendizaje de la lectura.

DEA. Lectura 2

Fuente de información: www.cepdecantabria.es