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Tics

Son movimientos musculares locales, rápidos y espasmódicos, que se manifiestan de forma involuntaria, aislada, inesperada, repetitiva, frecuente, sin propósito y a intervalos irregulares. Se pueden localizar en una o más partes del cuerpo y raramente afectan a los músculos inferiores a los hombros.

Los tics más frecuentes: guiños de ojos, estiramientos del cuello, movimientos de la cabeza hacia un lado, ruidos con la naturaleza, fruncimientos de las cejas, torsión de las comisuras de los labios y parpadeos. Con frecuencia surgen en la infancia, alrededor de los 7 años, y con mayor incidencia en los varones.

Suelen ser sintomáticos de la existencia de cuadros de ansiedad y por ello se agravan con la tensión emocional, se atenúan con la distracción y desaparecen durante el sueño. Aunque es posible ejercer un control voluntario sobre ellos, esto genera un aumento de la inquietud y la tensión hasta que se repite el tic.

Los tics tienden a manifestarse sin acompañarse de otra sintomatología (tic síntoma). Sin embargo, en ocasiones se asocian a otras manifestaciones patológicas (tic síndrome).

Los tics se pueden asociar a conductas alteradas que surgen en un momento determinado y cuyo mantenimiento puede ser origen de otros conflictos posteriores; por lo tanto, pueden convertirse en una vía de escape emocional. En otras ocasiones, los tics pueden alcanzar un significado de conversión somática de carácter histérico o somático que surge tras situaciones traumatizantes. Por otro lado, es frecuente también la asociación de los tics con conductas obsesivas.

Los síntomas diferenciales entre los tics auténticamente “psicológicos” y los tics de etiología orgánica son que los primeros desaparecen durante el sueño, son reproducibles a voluntad del individuo, pueden inhibirse voluntariamente, no existe modificación de los reflejos y su etiología no es orgánica.

Shapiro (1978) propone una clasificación de los tics:

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