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El autismo infantil.

La palabra “autismo” proviene del griego “autos” y significa “sí mismo”. Fue utilizado por primera vez por Bleuler en 1911 para referirse a un trastorno del pensamiento (continua autorreferencia) que aparece en algunos pacientes esquizofrénicos. Leo Kanner es el pionero en la literatura. Observó cómo 11 niños con alteraciones extrañas eran coincidentes entre sí y diferentes del resto de los niños. En los 60 se dio una hipótesis explicativa del autismo que postula la existencia de una alteración del desarrollo del lenguaje.

Existen divergencias y controversias que han estimulado el desarrollo teórico, metodológico y explicativo de la literatura sobre el autismo. De forma alternativa también surgen especulaciones teóricas que enfatizan unas pretendidas habilidades específicas en estos niños (tesis de idiots savants).

Kanner define el autismo como una innata alteración autista del contacto afectivo. Lo patognomónico del trastorno es la incapacidad para relacionarse con la gente: el déficit interpersonal o socioafectivo. También incluye los problemas lingüísticos y cognitivos, aunque considera que tienen menor peso etiopatogénico. Rutter entiende el autismo como un “síndrome conductual”. Plantea un origen orgánico cerebral, haciendo hincapié en las alteraciones lingüísticas como síntoma primario dada la incapacidad de la alteración emocional para explicar por sí sola el trastorno.

El síndrome se va considerando en la categoría de la “deficiencia” más que en la de los “trastornos mentales”, cobrando mayor peso etiopatogénico los problemas o déficits cognitivos por encima de los socioafectivos. La National Society for Autistic Children (NSAC) define el autismo como un déficit conductual cuyos rasgos esenciales implican alteraciones en el desarrollo, respuestas a estímulos sensoriales, el habla, el lenguaje, las capacidades cognitivas y las capacidades de relacionarse con personas, sucesos y objetos. El DSM-III considera el autismo como un “trastorno generalizado del desarrollo” con la finalidad de alejarlo de las psicosis. Son establecen como rasgos primarios tanto los socioafectivos como los cognitivos y conductuales.

Actualmente existe una tendencia a volver al término original del autismo y a abandonar el término “trastorno generalizado del desarrollo”. Se hizo esta recomendación porque se descubrió que el autismo constituye un trastorno específico del desarrollo (no generalizado).

Características del autismo infantil

1- Alteraciones de la conducta social.

El desarrollo de la conducta social del niño autista va produciéndose en ausencia casi absoluta de reciprocidad social y respuesta emocional. Es más evidente en los primeros años de vida. Wing y Gould establecieron 3 patrones distintos de relación social:

  1. Aislado, que evita la interacción de forma activa.
  2. Pasivo, que soporta pasivamente la relación social, pero no la busca, y
  3. Activo pero extravagante, que interactúa de un modo extraño y excéntrico.

No todos los autistas muestran el mismo tipo de interacción social, pero existen conductas específicas de los niños autistas: ausencia de contacto con lo demás y carencia de vínculo con los padres. No gritan para llamar la atención, no buscan contacto afectivo, nunca manifiestan conductas anticipatorias de ser cogidos en brazos… parecen no necesitar a sus padre. Aunque esté ausente el contacto afectivo, pueden mantener un contacto social con otros intereses.

Otra característica esencial es la preocupación del niño autista por preservar la invariabilidad el medio. Muestran una gran hipersensibilidad al cambio, respondiendo con fuertes berrinches e incluso autolesionándose. Pueden desarrollar ciertas preocupaciones ritualistas.

2- Alteraciones del lenguaje.

La comunicación intencional activa o espontánea se ve muy perturbada o limitada en los niños autistas: falta de sonrisa social, de miradas las personas y de gesto y vocalizaciones comunicativas. Todavía son más patentes a partir del año y medio o los dos años de edad. Los niños autistas que llegan a hablar lo hacen de formas características con patrones lingüísticos cualitativamente diferentes de los de los niños normales. Sólo un 5% tiene una capacidad intelectual suficiente para adquirir el lenguaje, aunque con déficits muy graves de comprensión y mutismo.

Las alteraciones más frecuentes del lenguaje expresivo son varias. Una es la inversión pronominal, que se da cuando el niño se refiere a sí mismo utilizando “tú” o “él”. Ej: “Mamá, él quiere comer un bocadillo”. Otra es la ecolalia, la repetición de las palabras o frases dichas por los demás. Puede tener lugar inmediatamente o después de un tiempo de demora (ecolalia retardada). La ecolalia, no es específica de los niños autistas, ya que el desarrollo normal del lenguaje incluye conductas de ecolalia alrededor de los 30 meses. Cuando persiste más allá de los 3-4 años se considera patológica. Otras alteraciones son alteraciones fonológicas, semánticas, defectos de la articulación, monotonía y labilidad en el timbre y en el tono de voz y reiteración obsesiva de las preguntas.

El lenguaje receptivo también se encuentra alterado, pues tienen dificultades para atender y/o percibir la información bajo nivel de comprensión gestual. Además cuando hablan no lo hacen con propósitos comunicativos. El lenguaje expresivo no verbal (gestual) también está alterado: discrepancias entre el lenguaje verbal y no verbal, muecas, tics y estereotipias. Incluso el habla de los que han alcanzado un lenguaje relativamente sofisticado muestra carencia de emoción, imaginación, abstracción y literalidad muy concreta.

3- Alteraciones motoras.

Se da conducta estereotipada o autoestimuladora. Es un comportamiento repetitivo, persistente y reiterado cuya función aparente es la de proveer al niño de retroalimentación sensorial o cinestésica.

También se dan conductas autolesivas, que son cualquier comportamiento mediante el cual una persona produce daño físico a su propio cuerpo (golpearse en la cabeza, morderse las manos, golpearse los codos, arrancarse el pelo…).

4- Alteraciones cognitivas.

4.1. Capacidad intelectual.

Según Ritvo y Freeman aproximadamente un 60% de los niños autistas presentan un CI por debajo de 50, un 20% entre 50-70, y un 20% por encima de 70. Tienen mejores resultados en los tests que miden habilidades manipulativas o viso-espaciales y memoria automática, y un rendimiento inferior en las tareas que requieren procesamiento secuencial.

Los autistas procesan la información de forma diferente a los sujetos no autistas. Esto resulta evidente en el análisis de sus “habilidades especiales” o “islotes de habilidad”, como memorizar listados. Otra alteración cognitivo es la ceguera mental, que es la incapacidad para atribuir estados mentales a los demás.

4.2. Atención y sensopercepción.

Estos niños tienen una respuesta anormal ante la estimulación sensorial. Parece que no se trata de un problema perceptivo sino de atención (puede no responder a un ruido intenso y responder al oír el ruido producido al pasar la hoja de una revista). Estas anormalidades se dan también en otras modalidades sensoriales como el olfato o el tacto. Estudios han demostrado que los autistas responden sólo a un componente de la información sensorial disponible, lo que llaman hipersensibilidad estimular, que es más una consecuencia de una presunta “rigidez atencional”, y no una alteración específica de los procesos perceptivos.