Lectura en silencio y discurso interno.

Aunque parece imposible que tengamos que acceder al sonido antes que al significado, sí parece que accedemos de forma rutinaria a algún tipo de código fonológico tras acceder al significado en la lectura en silencio. La evidencia subjetiva es la experiencia de un “discurso interno” cuando leemos.

Sin embargo, este discurso interno no puede implicar los mismos procesos que el discurso abierto. Cuando leemos parece que accedemos a un código fonológico que experimentamos como un discurso interno. Es decir, cuando accedemos a la representación de una palabra en el léxico, quedan disponibles todos sus atributos.

Parece que el discurso interno facilita la comprensión; si se reduce aquel, la comprensión se ve afectada en todos los estímulos menos en los más sencillos.

McCutchen y Perfetti (1982) afirmaron que, independientemente de cual sea la ruta que se utilice para el acceso léxico en la lectura, se accede de forma automática, al menos, a una parte del código fonológico de cada palabra; en concreto, accedemos a los sonidos de los principios de las palabras. Parece que la lectura en voz baja genera cierto tipo de código fonológico. Se utiliza esta información para facilitar la comprensión, fundamentalmente para mantener la secuencia de ítems en la memoria de trabajo.

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